Sobre lo variable

Encontré esta entrada sin publicar. Hace meses que la escribí. Aún nos reuníamos y nos tocábamos. Espero que la disfrutéis.

Últimamente lecturas, conversaciones con amigas y por último la sesión con las familias del grupo de hoy me traen la misma idea una y otra vez:

Tu hija hoy no será la misma que mañana, ni es la misma que la semana pasada.

Ellas están en continua evolución, adaptación, descubrimiento.

De aquí pueden salir múltiples e interesantes hilos de conversación, pero me quedo de momento con dos reflexiones:

  • Si enjuiciamos (mi bebé es nervioso, bueno, tranquilo, un bicho….) vamos en contra de ese cambio. Al poner una etiqueta, no solo estamos traspasándole toda la carga semántica de la misma, si no que nuestra actitud hacia el o ella también responde a esta idea que nos hacemos, y al final ellas recibiran esa imagen de sí mismas y en su proceso de formación del yo adoptarán dicha característica: nervio, bicho, santa….
  • Al enjuiciar, además, nos liberamos de responsabilidad. Toda recae en la criatura. Es su carácter. Me ha tocado un bebé nervioso. Nosotras lo sufrimos y nada podemos hacer.

Una actitud que puede responder a su etapa de desarrollo psicomotor, a el ambiente, a las circunstancias, no es tu hija. ¿Es nerviosa  o está nerviosa? ¿Por qué? ¿Hay algo que podemos hacer para contribuir a su bienestar?

Hoy tu hija está nerviosa. En un més… no lo sabemos

Cuando como madres empezamos en el ambiente de la izquierda somos unas. Cuando llegamos al de la derecha, otras. De uno a otro hay largo un viaje, y lo mismo les sucede a las criaturas.

En ese viaje tenemos la oportunidad de conocernos a nosotras mismas: ¿que nos asusta? ¿que necesitamos?

También vamos conociendo al ser humano que se está formando ante nuestros ojos.

Y ellas van averiguando quienes son, gracias a sí mismas y a lo que nuestros gestos, palabras y miradas les devuelven.

Liberarnos de juicios y etiquetas, asumir la no permanencia, es un regalo para dejar que se encuentren así mismas de forma genuina. Todas sus capacidades. Todas sus potencialidades. También sus límites.

Adela Sánchez

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